El Mochilero
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Están locos estos flamencos

estación de tren de Calatrava en lieja

Después de una de las noches más frías (con -8 grados me ha costado no titular esto con un “Hoy he conocido el frio”) y oscuras que recuerdo en los últimos años el día a empezado en un tren rumbo a Brujas.

Para que no nos quiten el carnet de modernos hemos tenido que parar en un Starbucks a coger el desayuno (para llevar, por supuesto). Viniendo de España la red ferroviaria de Bélgica puede parecer tercermundista, apenas cuentan con tres líneas y 200 KM de alta velocidad. Por no hablar de los trenes modernos y limpios o esos cinco euros que cuesta un billete ( Go-Pass lo llaman) para ir a cualquier destino que desees dentro del país. Con estos precios, frecuencias y recorridos cualquiera coge el coche para ir de ciudad a ciudad. Cuánto tienen que aprender.

En los apenas doscientos kilómetros que separan Lieja de Brujas, unas dos horas de viaje, no solo he tenido tiempo más que suficiente para terminarme el café y la caracola si no también para ver lo tensa que está la relación entre el norte y el sur en este país. En el sur solo quieren hablar francés, en el norte hacen lo propio con el dutch y, mientras, Bruselas se mantiene como territorio neutro. Uno puede pensar que en España las cosas estan tirantes, pero lo que pasa aquí está a otro nivel: mientras el tren circulaba por el sur todo los mensajes eran en francés, cuando pasábamos por Bruselas se le ha sumado el dutch y cuando estábamos en el norte el francés ha desaparecido por completo. La fuerza de la lengua en estado puro.

brujas

Foto por Eneko Ramos.

Pero bueno, dejemos de hablar de geopolítica y centrémonos en Brujas. Esa ciudad en la que fácilmente te podrías cruzar con algún protagonista de los cuentos de Hans Christian Andersen. Aunque no creo que las temperaturas negativas hayan invitado a ninguno a pasear. El casco antiguo de la ciudad es una maravilla: al ladrillo visto hay que sumarle unos adornos y decoraciones que en otras ciudades quedan reservadas casi exclusivamente para los pórticos de algunas iglesias. Sin embargo, entre el frio, la luz (demasiado dura incluso para sacar fotos) y las obras ha sido difícil meterse en la historia.

Todo lo contrario que en Gante, a la que hemos llegado justo a tiempo de lo que en fotografía llamamos como “Golden Hour“. Perfecto para sacar fotos y conocer la ciudad de la mano de Bernard un guía aficionado que se dedica a dar “Free Tours” en inglés a los turistas a cambio de una propina. La historia de Gante es fascinante, pero sinceramente ha sido bastante difícil centrarse en ella después de que Bernnie nos enseñara el lugar donde le dio un infarto hace dos años. “Iba caminando y de repente me empezó a doler el pecho, para cuando quise darme cuenta estaba en el hospital y desde entonces vivo de una pensión de pre-jublicación”, asegura mientras todo el grupo, incluso la tipa que no paraba de sacarse selfies, nos quedásemos con la boca abierta. Seguro que algún guía de la oficina de turismo lo considera poco profesional, pero os puedo jurar que no voy a olvidar todo lo que nos ha contado Bernard en mucho tiempo.

Gante

Foto por Asier G. Morato.

He visitado muchas ciudades con rio o canales, pero creo que en ninguna se fundían de una manera tan natural. Esa es la única reflexión que he podido apuntar en la libreta mientras tomábamos un café en Barista, una cafetería situada junto al puente de Zuiveiburg. Entre turistas, una pareja que parecía que tenía su primera cita y un tipo con camisa a cuadros que escribía en un viejo Macbook, nos hemos encontrado a tres cincuentones ocupando la esquina de una mesa de banco corrido. Al principio parecía que estaban jugando a las cartas, pero la forma en la que estaban situadas, el tipo de baraja (de Tarot) y la forma en la que interactuaba el doble belga de Hugh Laurie con ellas han dejado claro que no estaban jugando al remigio. Hemos intentado poner la oreja, pero como hablaban en neerlandés no nos hemos enterado de nada aunque por la cara que ponía la chica debía de ser bueno.

Va siendo hora de dejarlo por hoy, estamos a punto de montar en el tren de vuelta a Lieja llega en cinco minutos y hace tanto frio que incluso la batería del iPhone se está resintiendo. Mañana toca visitar Lieja y Dinant.

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