El Mochilero

El pueblo con vistas al Jardín del Edén

Hay sitios que tienen la magia suficiente como para que algo haga click en tu mente y lo cambié todo para siempre. Puede ser un edificio majestuoso, una casa minimalista o un paisaje como el que ofrecen los miradores de Guadalest. El lugar en el que se encendió la bombilla que dio luz a El Imperdible.

La gran cantidad de párkings y museos que hay en este pueblo de apenas 200 habitantes te puede hacer pensar que has caído de lleno en una de esas trampas para turistas tan habituales en el Mediterráneo. Aunque lo cierto es que estas en uno de los pocos pueblos de España que tiene vistas al Jardín del Edén.

Un museo cada 28 habitantes

Pocos bares pueden presumir de tener terrazas con vistas tan impresionantes como los que se encuentran en Guadalest. Foto por Asier G. Morato.

Pocos bares pueden presumir de tener terrazas con vistas tan impresionantes como los que se encuentran en Guadalest. Foto por Asier G. Morato.

Como muchos pueblos de Alicante, Guadalest está repleto de casas lacadas en blanco y calzadas de cantos rodados. Unas calles en las que las habituales tiendas de souvenirs y restaurantes conviven con nada más y nada menos que ocho museos. Cada uno más insólito que el anterior. Lo mismo te encuentras con un museo medieval con instrumentos de tortura, otro con más de 20.000 saleros y pimenteros; o el famoso museo de microminiaturas donde puedes ver “La Maja Desnuda” pintada en el ala de una mosca. Imperdible, ¿verdad?

Una fortaleza con un gran tesoro

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Museos aparte, el verdadero tesoro de Guadalest se encuentra escondido tras las puertas de su castillo. Una fortaleza, fusionada con la propia montaña, a la que se accede subiendo unas escaleras pegadas a la colina. Un corto recorrido que ofrece las segundas mejores vistas de la Costa Blanca (las primeras son en Altea) a través de un valle que desciende hasta el mar.

Por desgracia esta subida hace que las vistas del castillo no resulten accesibles para personas en silla de ruedas.
Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Lo cierto es que no me extraña que toda la cima se encuentre tan protegida, las vistas que encuentras cuando llegas a alguno de los miradores que la rodean son tan impresionantes que no podría explicarlas con palabras.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Por momentos parece que la realidad se ha transformado en una pintura. El valle es tan grande que la luz genera un halo dorado en las zonas más alejadas. Incluso hay una amplia paleta de colores entre el verde de los arboles y el gris de las rocas.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Un paisaje propio del mismísimo Jardín del Edén en el que no hay que pasar por alto un embalse con agua de un color turquesa tan intenso que parece salido del mismísimo caribe.