El Mochilero

La ciudad de fuego

Lieja
Foto por A.Savin

Lieja es una ciudad desconocida, de la que pocos han oído hablar. Lo habitual cuando vives a la sombra de urbes como Gante, Brujas o Bruselas. No es fácil ser el motor industrial de la región y a la vez atraer a millones de turistas. De ahí que la mayoría de extranjeros que pasean por sus calles sean estudiantes de Erasmus o visitantes de paso.

Dicen que no tenemos que quedarnos con las primeras impresiones. Me alegro de haber hecho caso, porque si no no hubiera podido conocer una Lieja que representa el alma de la Bélgica del Siglo XXI. Una ciudad multicultural, donde la diversidad de razas y religiones ha sumado en positivo. La cuna de las “frites“, un manjar del que los franceses se han querido apropiar. También de las “Boulet à la liégeoise“, un plato por el que volvería una y otra vez.

Si de algo me he dado cuenta después de vivir unos cuantos meses en Lieja es de que tiene un alma traviesa. Que sus mejores secretos pasan desapercibidos a primera vista. Y que para seguirle el juego debemos sentirnos como en casa y dejarnos empapar por el ambiente.

La cité ardente

Calatrava

La estación de tren de Lieja, diseñada por Calatrava, es una obra monumental. Foto por Asier G. Morato

O la ciudad de fuego, que es como se conoce a la ciudad por el gran incendio de 1468, cuenta con una arquitectura que representa lo mejor del pasado y el presente. Empezando por la estación de tren de Guillemins, una obra de Calatrava que se ha convertido en un símbolo de la ciudad. Una construcción futurista con la majestuosidad de una catedral que te deja con la boca abierta nada más llegar.

Aunque, siendo sinceros, el verdadero icono de Lieja son “les escaliers“. 374 escalones de piedra que suben hasta la montaña de Bueren, el punto más alto de la ciudad. Unos escalones que suben con tal inclinación y durante tantos metros que es necesario prepararse a conciencia antes de subir. También hay que llevar agua, no vaya a ser que nos de la pájara a mitad de camino.

Les escaliers

“Les escaliers”, una subida que no es apta para cardiacos. Foto por Nourodine.

Bromas a parte, “les escaliers” son un lugar mágico. No sólo por lo impresionante que resultan sus vistas (especialmente los días soleados), si no también por las casas que rodean ambos lados de la escalera. No me quiero imaginar lo que tiene que resultar ir a hacer la compra para los vecinos.

Lieja

El rio Mosa da vida a su paso por Lieja. Foto por Eneko Ramos.

Desde la parte alta es fácil vislumbrar el cauce de “La Meuse“, el río que atraviesa la ciudad. Un lugar perfecto para pasear o dar una vuelta en bicicleta. Si seguimos por la orilla del río estaremos a medio camino de dos visitas obligadas en Lieja: Mediacité, el mayor centro comercial de Bélgica, y el parque de Boverie, un lugar en el que se respira una tranquilidad inmensa. Situado a orillas del río el parque está presidido por el Palacio de la Boverie, recientemente restaurado. Un lugar perfecto para desconectar, aún más, mientras observamos los conejos, patos y otros animales que residen allí.

Podéis estar seguros de que no seréis los únicos, muchos liejenses se acercan allí para hacer deporte, leer un libro relajadamente o, si el tiempo lo permite, tomar el sol en la hierba.

Calles que rebosan vida

 Jason Pagnier

“La Foire d’Octobre“ llena de puestos de comida, atracciones y barracas el Boulevard D’Avroy. Foto por Jason Pagnier.

Lieja es una de las ciudades más cosmopolitas de toda Bélgica

Si algo he aprendido en todo el tiempo que he pasado en la ciudad es que los liejenses comparten idioma con los franceses, pero no tanto sus formas. Son naturales y sonrientes, amantes de la fiesta y, sobre todo, de las buenas cervezas.

Buena prueba de ello son fiestas como “La Foire d’Octobre“, que dura nada menos que mes y medio y llena de puestos de comida, atracciones y barracas el Boulevard D’Avroy. O la “Nuit des Coteaux” en la Citadelle, una fiesta que se celebra el primer sábado de octubre y que crea un larguísimo paseo rodeado de velas. Una noche espectacular, que invita a recorrer las calles con una Chouffe en la mano mientras admiras las luces y los grupos de música que amenizan la velada.

Si coincide que estás en la ciudad, no puedes faltar al “Marché de la Batte“, un inmenso mercado que cada domingo ocupa toda la margen izquierda del río con puestos de todo tipo. Tan grande que ninguna de las veces que me acerqué conseguí llegar hasta el final.

Pot au Lait - Karl Delandsheere

Le Pot au Lait es un local tan mágico que es difícil de describir con palabras. Foto por Karl Delandsheere.

Aunque si hay una hora en la que la vida llena las calles de Lieja esa es la madrugada. Culquier excusa es buena para ir a “Le pot au lait“, un local tan loco y mágico que es difícil describirlo con palabras, o “Le Carré“, la zona de bares, pubs y discotecas más popular. Una zona con ambientes para todos los gustos en la que disfrutar hasta altas horas. Porque si algo se les da muy bien a los liejenses es, como dicen ellos, hacer” la fiesta.

Gastronomía

Boulet

Las boulet son un plato por el que volvería una y otra vez a la ciudad. Foto por Asier G. Morato.

Si eres de esas personas de mente cerrada que solo piensan que se come bien en España puede que pases un mal trago, pero si estas abierto a nuevos sabores Lieja tiene una sorpresa para ti. Como he dicho al principio, Lieja es una de las ciudades más cosmopolitas de toda Bélgica. Algo que se nota cuando caminas por sus calles y sobre todo cuando pruebas sus sabores.

Por un lado tienes sabores tradicionales, como el de las “Boulet à la liégeoise” que sirven en Café Lequet. Unas albóndigas XXL que se sirven acompañadas de “frites” y una salsa agridulce llamada “sauce Lapin“. Un plato por el que volvería una y otra vez a la ciudad. Y de postre, como no podía ser de otra forma, un gofre casero en alguno de los cafés de la plaza de la catedral.

Kebab

Los durum de Chez Angelo y sus “frites” son un buen combustible con el que llenar el deposito después de un día de visita. Foto por Asier G. Morato.

Por el otro, tienes locales que no suelen estar muy concurridos, ni tampoco están llenos de florituras pero que mezclan cocinas foráneas con el sabor local. Es el caso de Wokman, que sirve comida oriental con un toque belga, o el de Chez Angelo, que sirve unos kebabs y durums deliciosos. Con “frites” por supuesto, porque si algo hacen los belgas es ponerles patatas a todo.

Una ciudad que engancha

Puede que Lieja no sea una ciudad que entre por los ojos. No tiene demasiado glamour, ni tampoco una arquitectura de cuento. Tampoco le hace falta. Es una ciudad con una personalidad que engancha y te deja con ganas de volver.

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Casi economista y amante de la música, la escritura y el deporte. El viaje aporta la felicidad, no el destino.