Viajes

Un fin de semana en Lisboa, la ciudad de las siete colinas

Con sus fachadas repletas de azulejos, sus barrios llenos de encanto y una luz que enamora, Lisboa es la ciudad perfecta para una escapada.

Pese a que muchas veces se la sitúe un escalón por debajo de ciudades como Barcelona, Londres o París, lo cierto es que Lisboa no tiene nada que envidiar a las grandes capitales europeas.

Con su arquitectura Pombalina y sus fachadas repletas de azulejos; con sus calles llenas de vida y con barrios como Alfama, que parecen detenidos en el tiempo, la capital de Portugal es una de las ciudades con más encanto del viejo continente.

Un destino tan fascinante como cercano, está a apenas una hora y media de avión de muchas ciudades de la peninsula. De ahí que Lisboa sea una ciudad perfecta para una escapada de fin de semana como la que os contamos a continuación.

Consejo: Sea la temporada que sea no olvides meter los zapatos más cómodos que tengas en la maleta. Tus pies lo agradecerán.

Viernes

Las vistas y la puesta de sol desde el "Miradouro de Santa Luzia" son imperdibles. Foto por Asier G. Morato.

Las vistas y la puesta de sol desde el “Miradouro de Santa Luzia” son imperdibles. Foto por Asier G. Morato.

En cuanto dejes las maletas en el hotel, lo primero que tienes que hacer es acercarte hasta Alfama, uno de los barrios más antiguos de toda la ciudad. Tanto que data de la época en la que los musulmanes dominaron la peninsula ibérica. Cada una de sus calles esconde un pequeño tesoro, por lo que empieza por la Catedral de Santa Maria Maior y camina por donde te guié tu instinto. Con algo de suerte acabaras tan perdido que encontraras sus mejores rincones.

Rincón Imperdible: Entre Baixa y la catedral de Lisboa se encuentra la “Conserveira de Lisboa” un comercio que desde 1930 vende las mejores conservas de la ciudad. Un comercio que hará las delicias de los amantes del diseño y las antigüedades.
Alfama es tambien el barrio bohemio de la ciudad, por lo que el arte inunda sus calles. Foto por Asier G. Morato.

Alfama es tambien el barrio bohemio de la ciudad, por lo que el arte inunda sus calles. Foto por Asier G. Morato.

En cuanto veas que empieza a anochecer acércate hasta el Miradouro de Santa Luzia, un jardín situado en la parte alta de Alfama que cuenta con las mejores vistas del barrio y el rio Tajo. Decorado con los típicos azulejos, este mirador rebosa vida por todas sus esquinas. Desde los jardines que lo decoran hasta la fuente en la que se bañan los niños en los días más calurosos de verano.

Hora de repostar: Si se os abre el apetito y no sabéis dónde cenar, no dudéis en acercaros hasta “Canto Da Vila” un pequeño y asequible restaurante portugués situado en Largo do Limoeiro. Con un poco de suerte tendréis sitio en la terraza.
Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Porque si hay algo de lo que puede presumir Alfama es de vida. Los niños corren por las calles persiguiendo una pelota. Un señor trabaja en su Renault mientras su mujer le grita que ya está la comida desde la ventana. Pese a tener monumentos como el Castillo de San Jorge, los locales siguen con su día a día como si los turistas no estuvieran.

Café con vistas: Si buscas un rincón imperdible para terminar el día acércate hasta el “Café da Garagem”, un local con unas vistas impresionantes de la cuidad desde el que despedirse del día con una copa en la mano.

Sábado

No hay edificio que se precie que no tenga su fachada repleta de azulejos. Foto por Asier G. Morato.

No hay edificio que se precie que no tenga su fachada repleta de azulejos. Foto por Asier G. Morato.

Después de una primera toma de contacto en Alfama hoy toca recorrer otra de las caras de Lisboa, la del barrio de Baixa. Unas calles que representan lo mejor del estilo Pombalino que se utilizo para reconstruir la ciudad después del terremoto de 1755. Todas las calles son una obra de arte que empieza en los adoquines del suelo y termina en los azulejos que decoran las fachadas.

Incluso las casas que han perdido los azulejos de sus fachadas resultan atractivas. Foto por Asier G. Morato.

Incluso las casas que han perdido los azulejos de sus fachadas resultan atractivas. Foto por Asier G. Morato.

Empezando por la Plaça de Dom Pedro IV y terminando en la Praça do Comércio, las ruas que recorren Baixa están repletas de cafés y tiendas. Especialmente la Rua Augusta, una de las calles más transitadas de toda la ciudad.

Un souvenir distinto: Si buscas llevarte un recuerdo único de la ciudad acércate hasta “Typographia“, una tienda de ropa de diseño. Tienen buen precio (20€) y sus ilustraciones son muy buenas.
Desde la "Praça do comércio" se puede tocar la orilla del Tajo y ver el "Ponte 25 de Abril". Foto por Asier G. Morato.

Desde la “Praça do comércio” se puede tocar la orilla del Tajo y ver el “Ponte 25 de Abril”. Foto por Asier G. Morato.

Pocos rincones de Baixa pueden superar la historia y la belleza de la Praça do Comércio. Epicentro de la revolución de los claveles, la plaza tiene forma en U para que nada más cruzar el arco puedas disfrutar de unas vistas maravillosas del rio Tajo.

Si no hay colas kilométricas, subir por el elevador es una de las experiencias imperdibles de Lisboa. Foto por Asier G. Morato.

Si no hay colas kilométricas, subir por el elevador es una de las experiencias imperdibles de Lisboa. Foto por Asier G. Morato.

Después de patear Baixa es hora de subir hasta Chiado. Si las colas no son kilométricas no dudes ni un segundo en utilizar el Elevador de Santa Justa, una de las maravillas de Lisboa. Si no, siempre puedes subir andando por la Rua do Carmo o Rua Nova do Almada. Eso si, prepárate para una buena cuesta.

El mejor helado de Lisboa: Tanto si la temperatura acompaña como si no, tienes que acercarte hasta “Santini” para comer uno de sus deliciosos helados. Totalmente imperdibles.
Además del "Elevador de Santa Justa", una de las mejores formas de subir hasta "Chiado" y "Barrio Alto" es en tranvía. Foto por Asier G. Morato.

Además del “Elevador de Santa Justa”, una de las mejores formas de subir hasta “Chiado” y “Barrio Alto” es en tranvía. Foto por Asier G. Morato.

Puede que la arquitectura de Chiado no resulte tan atractiva como la de Baixa, pero a cambio cuenta con las tiendas más interesantes. Si la Avenida da Liberdade y Rua Augusta tienen a las grandes marcas y franquicias, la Rua Garret y sus calles colindantes tienen comercios como la antiquísima (1773) librería Bertrand o la fascinante tienda de artesanía A Vida Portuguesa. Eso sin olvidar la diminuta guentería Luvaria Ulysses, en la que apenas entran dos clientes a la vez.

Barrio Alto es una de las zonas más candentes de Lisboa, especialmente por la noche. Foto por Asier G. Morato.

Barrio Alto es una de las zonas más candentes de Lisboa, especialmente por la noche. Foto por Asier G. Morato.

Una autenticidad que se extiende también por la Praça Luís de Camões y calles como Largo do Calhariz. En ellas las tiendas modernas se entrelazan con otras que llevan allí toda la vida, como la Caza das Vellas Loreto. Un recorrido que nos lleva ante el local más imperdible de la zona: Pharmacia.

Decorada como si de una antigua farmacia se tratara, el bar y restaurante del Museo de Farmacia resulta imperdible. Foto por Asier G. Morato.

Decorada como si de una antigua farmacia se tratara, el bar y restaurante del Museo de Farmacia resulta imperdible. Foto por Asier G. Morato.

Adherido al Museo de Farmacia, este bar y restaurante es el lugar perfecto para terminar una larga jornada de turismo. Su posición elevada le otorga unas vistas privilegiadas, por no hablar de que su interior está decorado como si de una farmacia antigua se tratara. Además, tanto su carta de cócteles como de comidas (os recomiendo probar el Prego) es excelente.

Domingo

El castillo de Belém es, por su arquitectura y entorno, uno de los monumentos más bellos de Lisboa. Foto por Eneko Ramos.

El castillo de Belém es, por su arquitectura y entorno, uno de los monumentos más bellos de Lisboa. Foto por Eneko Ramos.

Tras un largo día en el centro de Lisboa, el domingo por la mañana es el momento perfecto para acercarse hasta Belém. Una zona algo alejada, está más allá del Ponte 25 de Abril, pero que esconde uno de los rincones más maravillosos de la ciudad: la torre de Belém. Una fortaleza construida a la orilla de un Tajo que la rodea durante gran parte del día.

Son gloria bendita. Foto por Asier G. Morato.

Son gloria bendita. Foto por Asier G. Morato.

Por supuesto, tampoco puedes marcharte de Belém (y Lisboa) sin probar sus famosos pastelitos. Un dulce con tanta historia que bien merece saltarse la dieta. Los hay por toda la ciudad, pero si queréis disfrutar de los originales tenéis que acercaros hasta la Fábrica dos Pastéis de Belém y pedir un café para acompañar. Os aseguro que toda espera está justificada. Además, ¿acaso se os ocurre una forma mejor de terminar el viaje?