Viajes

El bosque donde el arte y la magia se funden con la naturaleza

Obra de Agustín Ibarrola, el Bosque de Oma es una obra viviente que no ha parado de cambiar desde los ochenta.

Situado a 5 minutos de Guernica, en pleno corazón de Vizcaya, el valle de Oma es uno de los pocos rincones de Euskadi donde la naturaleza, la magia y el misterio todavía se emanan por todas las esquinas. Empezando por yacimientos prehistóricos como la cueva de Santimamiñe y terminando con el propio bosque.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

El ambiente perfecto para alojar una obra tan especial como la de Agustín Ibarrola. Un artista que se subió al monte para pintar en la corteza de los arboles. A primera vista puede parecer un sinsentido, pero desde la perspectiva adecuada se juntan para formar algo más grande y bello.

Una excursión en toda regla

Al contrario de lo que pueda parecer, para llegar al Bosque Pintado no basta con hacer unos cuantos kilómetros en coche. Una vez aparcados todavía hay que recorrer unos 3 KM a pie por carretera y monte. Un paseo de unos 45 minutos en el que te encuentras con unos cuantos Baserris (caseríos).

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

De ahí que haya que ir algo preparados. No hay que ser exagerados, pero unas buenas botas, un abrigo, agua y algo para almorzar no están de más. Entre el camino de ida, el de vuelta y el recorrido por las obras puedes estar toda la mañana por Oma.

Cuando los arboles no te dejan ver el bosque

Bosque de Oma - Bosque Pintado - Bosque Encantado

Foto por Asier G. Morato.

Describirlo como “unos simples árboles pintados” no le hace justicia ni a la obra ni al propio bosque. A diferencia de otras instalaciones y esculturas, el trabajo de Ibarrola está sobre un lienzo vivo. El bosque no para de cambiar. Algunos árboles crecen. Otros cambian de posición. Todo se revoluciona con el cambio de estación. Puedes volver todas las veces que quieras y nunca tendrás la misma experiencia.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Lo cierto es que puede parecer algo confuso al llegar. La mayoría de los árboles están pintado en mayor o menor medida y se hace difícil saber desde dónde hay que observarlos. Tranquilo, no es cuestión de ir probando. A lo largo de todo el monte se pueden encontrar flechas numeradas (como la de la foto) que indican los puntos de observación.

Si no queréis perderos ninguna obra incluso podéis descargar un mapa con todos los puntos de interés:

Descargar mapa de las obras

Cuestión de perspectiva

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Una vez que empiezas a seguir las marcas encontrar la mayoría de obras es bastante sencillo. Especialmente las que se concentran en un pequeño grupo de arboles como la de la foto.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Aunque también hay otras que, pese a tener su flecha, se encuentran algo ocultas entre la maraña de dibujos y requieren fijarse bastante. Es el caso de este ojo, que está a mayor altura que el resto.

Foto por Asier G. Morato.

Foto por Asier G. Morato.

Sea como fuere, si te acercas hasta el bosque de Oma tómate todo el tiempo del mundo. Disfruta del camino, piérdete entre los árboles y quizás puedas encontrar la magia que desborda todo el valle.

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