Cultura

Es imposible no enamorarse de esta película

Prepárate para vivir una montaña rusa de emociones.

Dicen que las mayores sorpresas ocurren cuando menos te lo esperas y no puede ser más cierto. Cuando fui al cine el pasado sábado lo hice como un escéptico que esperaba decepcionarse después de las altas expectativas que generan los premios. ¿Cómo no hacerlo después de tantos chascos? En menos de 1 minuto ya me había olvidado de todas esas chorradas y para cuando se proyectaron los créditos sólo me apetecía aplaudir.

La ciudad de las estrellas” (alias La La Land) de Damien Chazelle es una película de otro tiempo que me ha recordado porqué me gusta tanto el cine. Una cinta que te atrapa con la primera canción, que de paso sienta el tono de la película, y que no te suelta hasta un epílogo en el que tu corazón cae en caída libre. Dos horas subido en una montaña rusa de emociones en la que ríes y lloras al son de la música de Justin Hurwitz.

Sebastian (Ryan Gosling) es un pianista al borde de la ruina que lleva años intentando abrir su propio club de Jazz mientras que Mia (Emma Stone) dejó la universidad para mudarse a Los Angeles e intentar convertirse en actriz. Dos sueños que se ponen patas arriba cuando los dos se encuentran.

Muchos la califican como una historia de amor pero para mi “La ciudad de las estrellassobre todo habla del sacrificio y de las cosas que dejamos atrás para conseguir lo que desea nuestro corazón. El romanticismo es una parte esencial pero no más que los sueños que los protagonistas llevan años intentando conseguir.

Como todo buen musical “La ciudad de las estrellas” (alias La La Land) está llena de humor. Las reacciones de Mia no tienen precio al igual que la forma en la que Sebastian afronta todos los vaivenes de la vida. Incluso hay momentos para que brillen actores secundarios del reparto como John Legend y J.K. Simmons.

Damien Chazelle ha usado todas las herramientas que existen en el kit del cineasta para crear el ambiente perfecto en todas y cada una de las escenas. Empezando por la luz que cambia de tono según los sentimientos de los personajes: verde cuando hablan de sus esperanzas de futuro o rojo cuando arranca la pasión. Algo que también se traslada al vestuario. No es sólo que Ryan Gosling vaya siempre hecho un pincel, si no que Mia expresa su estado de animo con cada prenda. Eso sin mencionar unos escenarios que en ocasiones parecen salidos de una película de Wes Anderson.

Pero, sin duda alguna, lo mejor de todo es la banda sonora, que por algo es un musical. Justin Hurwitz ha hecho un trabajo excepcional en la composición y estoy seguro que canciones como “City of Stars (Spotify, iTunes/Apple Music) se van a convertir en clásicos. Pero, aunque suene raro, nada impresiona tanto como los silencios.

Unos elementos que se suman a la perfección en la que para mi es la mejor escena de la película. La habitación se tiñe de verde esperanza mientras Sebastian y Mia cantan al piano “City of Stars“, mi canción preferida de la película. Imposible que no se te escape una sonrisa.

Keith (John Legend) y Sebastian (Ryan Gosling) charlan en un club de Jazz.

Keith (John Legend) y Sebastian (Ryan Gosling) charlan en un club de Jazz.

Es una película perfecta para acurrucarte junto a tu pareja.

No me gusta hablar en términos absolutos, no me parece que suelan hacer justicia, pero con “La ciudad de las estrellas” (alias La La Land) no me tiembla la voz al decir que es la mejor película que he visto en mucho tiempo. Sus personajes, su historia, su música (llevo 3 días sin parar de tararear “City of Stars“), su humor… me han recordado que todavía se pueden hacer películas distintas, llenas de cariño y cuidando cada detalle.

Un musical lleno de fantasia con el que es fácil sentirse identificado. Al fin y al cabo todos hemos planificado minuciosamente nuestra vida para después cambiar de rumbo una y otra vez. Difícil no sentarse a pensar que hubiera pasado si esa cadena de casualidades que nos ha traído hasta el presente hubiera sido distinta.

Cómo comportarse en el cine: Pon el móvil en silencio y no lo saques del bolsillo, por muy bajo que tengas el brillo molesta. Además esos WhatsApp pueden esperar. Y sobre todo no hables ni comentes en alto cada jugada, a nadie le interesa.