Cultura

Maus, el cómic que ganó un premio Pulitzer

Maus

Si pensamos en cómics lo más seguro es que la idea que nos viene a la mente es la de un puñado de personajes que desafían las leyes de la naturaleza con sus superpoderes mientras intentan salvar el planeta. Unas historias que son puro entretenimiento y que están llenas de fantasia.

Una visión cuanto menos limitada cuando el género va mucho más allá y abarca historias como la de Maus (20€) de Art Spiegelman (Suecia 1948). Un cómic oscuro y doloroso en el que podemos descubrir la historia de un judío polaco que consiguió sobrevivir al holocausto nazi.

Un trabajo alternativo consiguió abrirse paso en una época en la que la industria dominada por las dos grandes editoriales, DC y Marvel. Paso por encima de Superman, Batman y Spiderman con páginas en blanco y negro con dibujos rápidos y nerviosos. Contando una historia tan real como dramática con una cercanía y naturalidad que pocas veces se ha visto. Un cómic que recorrió un largo y difícil camino hasta lograr lo que nunca antes había conseguido: ganar un premio Pulitzer.

Pura realidad

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Judios, caracterizados como ratones, con el uniforme a rayas que les ponían en los campos de concentración. Dibujo por Art Spiegelman.

El cómic nace de las entrevistas de Art a Vladek Spiegelman, su padre y uno de los judíos polacos que sobrevivieron al holocausto. A lo largo de sus páginas no sólo podemos conocer como era la vida de un judío polaco en los años 40, si no también la peculiar relación entre un superviviente del holocausto que ha dicho adiós a demasiados seres queridos y un hijo que no ha conocido la miseria.

Dos historias que se entrelazan a la perfección gracias a la narrativa de Spiegelman y la gran labor de documentación que llevó a cabo. Incluso llegó a viajar a Polonia para conocer de primera mano los campos de concentración. De ahi que este cómic fuera capaz de ganar el premio Pulitzer, uno de los más importantes en el mundo del periodismo. Aunque por desgracia, su padre no pudo llegar a vivirlo. Falleció en 1982, mucho antes de que el libro se completara.

Gatos contra ratones

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A diferencia de los cómics de gran tirada Maus no cuenta con dibujos detallados y ni siquiera están coloreados. Tampoco le hace falta.

Una historia real que contrasta con la fábula que representan los dibujos. Una lucha de gatos (alemanes) contra ratones (judíos) en la que aparecen cerdos (polacos), ranas (franceses), ciervos (suecos) y perros (estadounidenses). De esta forma Spiegelman crea un mundo en la que todos los individuos se reducen a una simple etnia o nacionalidad y se desprenden de todo lo que les hace únicos. Una representación que determina su destino y que nos ayuda a entender la visión sesgada y racista que existía en la época.

A diferencia de los cómics de gran tirada Maus no cuenta con dibujos detallados y ni siquiera están coloreados. Tampoco le hace falta. Spiegelman consigue transmitir una historia de horror y sufrimiento con unos trazados en blanco y negro que parecen salidos de una xilografía. Un estilo y técnicas que sin duda alguna se vieron influenciados por los pocos medios de los que disponía Spiegelman, que imprimió las primeras copias de Maus en una imprenta que tenía en su loft.

Del mundo alternativo a The New Yorker

Art Spiegelman - Foto por Bertrand Langlois/AFP

Art Spiegelman posa frente a su autorretrato. Foto por Bertrand Langlois.

Al igual que ocurrió con Sherlock Holmes, Maus no se publicó de primeras en un libro si no que lo hizo por capítulos en una revista llamada Raw. Una publicación underground co-editada por el propio Spiegelman junto a Françoise Mouly, su mujer.

El primer capitulo de Maus (20€) vio la luz en 1980 y aunque tuvo un gran acogida Spiegelman no consiguió que se publicara en el primer volumen hasta 1986, meses después de que The New York Times lo descubriera al gran público. La segunda parte se siguió publicando poco a poco en Raw hasta que en 1991 se puso el punto final. Para aquel entonces tanto Maus como Art Spiegelman se habían convertido en todo un fenómeno, lo que hizo que recibiera un nivel de atención nada habitual para un cómic.

Unos reconocimiento que hicieron que Art acabase siendo dibujante de The New Yorker en 1992, un puesto que abandonó en 2001 después de firmar junto a Françoise Mouly una de las portadas de la revista que pasarán a la historia: la del número siguiente al atentado contra las torres gemelas el 11 de septiembre.

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