El Mochilero

San Sebastián, una ciudad de la que enamorarse

San Sebatián

San Sebastián es una ciudad que nos invita a perdernos para acabar enamorados de sus calles, cultura y gente.

Una ciudad que ha sido testigo de batallas y que ardió hasta los cimientos hace doscientos años. En antaño lugar de veraneo de reyes y hoy referente gastronómico mundial. Unas calles que invitan a enamorarse en las que se siente el latido de una urbe que lleva la cultura en las venas.

Hora de perderse

San Sebatián

Las vistas desde el monte Urgull nos permiten apreciar San Sebastián en su conjunto. Foto por Asier G. Morato.

La mejor forma de empezar la visita es subir al monte Urgull desde el paseo nuevo. Un parque natural situado entre la playa de Zurriola y La Concha, justo a las espaldas del casco antiguo. Aunque las pendientes para llegar hasta la cima son exigentes las vistas que ofrece el Castillo de la Mota de la ciudad son espectaculares. Además, por el camino nos podemos encontrar con restos de la antigua fortaleza, murallas y cañones que en antaño defendían San Sebastián.

San Sebatián

La isla de Santa Clara con el Peine del Viento a los pies de la montaña al fondo. Foto por Asier G. Morato.

Ahora que tenemos un poco de perspectiva de la ciudad es hora de bajar hasta el Paseo Nuevo. Un recorrido que rodea el monte y que se es famoso por la fuerza con la que rompen las olas cuando hay tormenta. Un espectáculo peligroso que ha causado varios accidentes, por lo que lo mejor es observarlo desde una distancia prudente.

San Sebatián

Vistas del puerto desde el paseo del ayuntamiento. Foto por Asier G. Morato.

Al principio sólo vemos mar, pero conforme terminamos de rodear el monte comenzamos a ver la isla de Santa Clara seguida de la playa de Ondarreta y la de La Concha. Para cuando te das cuenta has entrado de lleno al pequeño puerto de San Sebastián, un lugar en el que la tradición y la innovación comparten espacio. Por un lado el acuario y las tiendas de souvenirs para turistas y por el otro los remeros entrenando en sus traineras.

San Sebatián

Las calles de la parte vieja esconden pequeños tesoros en cada esquina. Foto por Asier G. Morato.

Siguiendo la calle del puerto entramos de lleno al corazón de la ciudad. La parte vieja. Entre sus calles estrechas y casas de otra época es fácil encontrarse con todo tipo de comercios, desde bares hasta tiendas. Es la zona perfecta para irse de pintxos, pero también para comer una buena pizza o hacer algunas compras.

San Sebatián

La calle del puerto nos lleva directos a la plaza de la Constitución. Foto por Asier G. Morato.

Es difícil quedarse con una única calle, pero uno no puede abandonar el casco antiguo sin pasar por la Plaza de la Constitución. Fruto de la reconstrucción de la ciudad tras el incendio que la redujo a cenizas esta plaza es la sede de celebraciones como la tamborrada.

San Sebatián

Los balcones de la plaza de la Constitución mantienen los números de cuando se utilizaban como palcos de la plaza de toros. Foto por Asier G. Morato.

Nada más entrar llama la atención el contraste entre los arquillos de la parte baja con el colorido blanco y amarillo de las fachadas. Unas casas cuyos balcones se utilizaron durante años como palcos, cuando la Plaza de la Constitución se usaba además como plaza de toros. De ahí que todos ellos estén numerados.

Calles llenas de encanto

San Sebatián

En el casco antiguo las calles de estilo parisino se mezclan con zonas verdes y tiendas. Foto por Asier G. Morato.

Cuando terminemos de perdernos por la parte vieja es hora de salir hasta el boulevard y recorrer las calles del centro de la ciudad. Una zona con un toque parisino en la que nos encontramos calles llenas de encanto y alguna que otra zona verde donde descansar. Por no hablar de que en ellas se concentran gran parte de los comercios más interesantes de San Sebastián.

San Sebatián

Una de las mejores cosas que se pueden hacer cuando se visita San Sebastián es comer. Foto por Asier G. Morato.

La ciudad siempre se ha caracterizado por su buena gastronomía y comercio, pero gracias al turismo se han visto fuertemente reforzados. Es difícil caminar por sus calles y no pararse a mirar el escaparate de alguna tienda de moda. Y quien habla de moda habla también tiendas de diseño, decoración, discos, boutiques, surf, librerías…

San Sebatián

Los locales tradicionales han dejado paso a la una nueva generación, aunque el espíritu sigue siendo el mismo. Foto por Asier G. Morato.

Aunque si hay algo en lo que merece la pena dejarse el dinero cuando uno visita San Sebastian es en comer. Es la cuna de la llamada cocina vasca, pero su oferta no se reduce a chuletones. Hay restaurantes para todos los gustos y bolsillos, desde la aclamada cocina de autor hasta pequeños locales que se afanan por dar lo mejor de si mismos.

San Sebatián

El verdadero imperdible de la ciudad. Foto por Asier G. Morato.

Para gustos los colores, pero comas lo que comas el postre no puede ser otro que un helado de El Boulevard. Un imperdible de la ciudad que no podemos pasar por alto, especialmente si nos dirigimos hacia la playa de La Concha para terminar la visita.

Capital cultural

San Sebatián

Situado a orillas de la playa, el Kursaal es uno de los centros culturales más importantes de la ciudad. Foto por Asier G. Morato.

Si hay algo que rebosa San Sebastián es cultura. A diferencia de otras ciudades no solo te la encuentras en momentos puntuales, como el Zinemaldia (que se celebra en septiembre) o el Jazzaldia (que tiene lugar en julio), si no que es algo cotidiano. Lo mismo te encuentras con algún grupo de la ciudad dando un concierto en el quiosco del boulevard como puedes ver a una leyenda como Chris Paulson tocando en pleno paseo de La Concha. Y eso sólo hablando de música.

Lo normal en una ciudad que inyecta la pasión por el arte, la música, el cine y el diseño en sus ciudadanos desde pequeños. El mejor ejemplo de ello es la Tabakalera, un lugar del que no saldría si viviese en la ciudad. Una antigua fábrica de tabaco que, tras echar el cierre, el ayuntamiento transformó en un centro de cultura contemporánea. Un espacio puesto a disposición de cualquiera que tenga ganas de disfrutar, aprender o crear.

San Sebatián

Sólo las vistas desde la terraza de la Tabakalera justifican la visita. Foto por Asier G. Morato.

Un edificio al que hay que entrar por las vistas de su terraza, pero que entre sus paredes esconde un paraíso para los curiosos y creativos. Si sólo queremos ver en él podemos encontrarnos con locales para pop-up stores, salas de exposición, auditorios donde disfrutar de la cultura. Eso sin mencionar la impresionante biblioteca literaria, musical y cinematográfica que podemos disfrutar allí mismo.

Si, por el contrario, queremos dar forma a nuestras ideas en él tenemos todas las herramientas que podamos imaginar y cursos donde aprender a usarlas. Estudios equipados con todo el material audiovisual que necesites, locales de ensayo con instrumentos, ordenadores con todo el software creativo necesario, talleres para makers con cortadoras láser e impresoras 3D…

Un final por todo lo alto

San Sebatián

Recorrer el paseo de La Concha es la mejor despedida que puede darnos la ciudad. Foto por Asier G. Morato.

Por último, no nos podemos marchar de la ciudad sin recorrer los apenas tres kilometros que separan el ayuntamiento del Peine del Viento, obra del escultor vasco Eduardo Chillida. Un paseo marítimo que recorre la playa de La Concha y Ondarreta con el mar y la isla de Santa Clara de fondo. Imposible marcharse con mejor sabor de boca.